El trabajar bien vs el trabajar más. ¿es tiempo del Meta trabajo?

Por costumbre, tal vez, hemos aprendido y adaptado a nuestro quehacer diario, que trabajar mucho es más que importante, es necesario y que lo contrario es sinónimo de un ser holgazán o sólo pereza. En total, el trabajar es reconocido como tal, si implica mucho esfuerzo, sobre todo físico y mucho tiempo invertido, tal vez a ello hay que agregar que si no hay un cansancio significativo también se podría asumir como que no hubo gran trabajo.

Es bueno detenerse y hacer el intento de comprender tal regla y a lo mejor desmitificar esa sólida forma de entender, aceptar e incorporar un concepto a nuestra cotidianidad.

Si nos apuntamos a unas sesiones de ejercicio físico y no quedamos exhaustos nos parecerá que no valió la pena y que el facilitador no es bueno en su labor.
A muchos, quienes nos ha tocado comenzar de cero, inclusive como inmigrantes, tal vez hemos vivido ese particular «fenómeno»

Desde cualquier nivel de responsabilidad en una empresa; por ejemplo, en el peor de los casos, si nuestro jefe (lo opuesto a un verdadero líder) no nos ve trabajando como un superdotado de fuerza, velocidad y precisión, tal vez seamos los próximos en ser devaluados, desplazados o despedidos, ya que siempre habrá quien o quienes nos sustituyan, hagan más y acepten menos remuneración o beneficios.

Otro caso sería, el que como emprendedores y estando agobiados por las presiones y demandas de lo que implica una responsabilidad como agente independiente o autónomo, nos exigimos y hagamos exageradamente sobre esfuerzos innecesarios.

Podría seguir la larga lista de ejemplos, pero el contexto que pretendo dibujar es el de ese absurdo convencimiento de que trabajo es igual súper intensidad, a mucha fuerza en poco tiempo, alimentando esa fórmula de bucle infinito.

Por lo contrario, se puede demostrar que el trabajar de manera excelente y sin el exagerado e innecesario esfuerzo y agotamiento, es posible. Claro está, ya pasaríamos a otra dimensión o paradigma del trabajo.

Es menester aclarar, que no pretendo establecer que se deba hacer menos o caer en una diatriba dualista.

Ya con la evolución, desde que empezamos a adoptar una postura bípeda y manipular objetos, se empezaron abrir opciones para ahorrar energía para cosas y labores más importantes y fortalecer el pensamiento «racional».

Actualmente, se habla de optimización de los procesos y la inversión de mejor y mayor calidad de tiempo y esfuerzo en producir y aprovechar los beneficios del tiempo libre, ocio, tiempo disponible, entre otros infinitos términos. Estas posibilidades se orientan teóricamente en el desarrollo de mejores condiciones que garanticen una vida digna y más humana.

Un trabajo, amerita un conocimiento, saberes, experiencia, una metodología, técnicas, instrumentos y procedimientos que en esa misma secuencia de evolución y transformación van permitiéndole al individuo desprenderse de las formas esclavizantes de hacer las tareas y de tener tiempo de calidad para la convivencia, el cultivo del pensamiento, las artes, la cultura, el deporte, el estudio, la meditación o actividades de regocijo, pero al mismo tiempo sobre nuevos enfoques desprendidos de ya desgatados e inútiles principios.

Todo ello, apuntaría a pasar de la noción y efecto del trabajo a hechos transformativos de actividades basadas en Proyectos de nueva horma, en los que podríamos ya apuntar a meta trabajos.

Estoy claro que, no toda actividad puede encajar fácilmente en la alternativa meta ontológica que he planteado, dada la naturaleza de cada una, sin embargo; los principios de optimización podrían estudiarse y de alguna manera aplicarse. Y que existen leyes, convenios y demás instrumentos que teóricamente velan por evitar la sobrecarga de trabajo.

Los avances en las tecnologías, cada vez van haciendo más óptimos los procesos en ya casi todas las áreas del quehacer humano. El acceso a tales tecnologías todavía presenta brechas de voluntad en muchos factores, en especial en lo económico y en lo político, pero no es el objeto de esta reflexión ahondar en dichos factores.

De lo planteado interiormente, acerca de las tecnologías, no es muy difícil aceptar que objetivamente ayudan a optimizar y hasta transformar la estructura y dinámica de las tareas, pero es de mi interés el reflexionar sobre el cómo, dichas tecnologías desde el punto de vista de la mecanización, el instrumentalismo, los aparatos, las conexiones y las transmisiones, terminen o sean ya factores de desplazamiento de la intervención humana en muchas o todas las fases de una actividad.

También es de especial atención la automatización en la operacionalización de los procesos en los cuales, nosotros como seres humanos, somos simples operarios, extensiones o conexiones de un sistema, o lo que es más alarmante, simples usuarios.

Estamos tan ocupados en las tareas y en demostrar sobre esfuerzos o responder a las necesidades de que eso sea así, incluyendo la otra cara de la moneda con el grueso número de personas que se esfuerzan y emplean gran cantidad de tiempo en no hacer nada, que no nos damos cuenta, de que sea como sea, sólo somos un número más en una base de datos, una infinitidecimal parte de unidad de moneda que suma fortunas por segundo a otros.

Pasamos la vida con la ilusión de que vamos ahorrando recursos para un futuro mejor, pero tal vez ese mismo sueño se transforme en una pesadilla, un bucle de más esfuerzo, más rendimiento, más trabajo, más tiempo y llegado el momento o ese futuro soñado ya no podamos disfrutarlo, dado a los mismos cambios que hemos sufrido en nuestras capacidades.

¿Qué se puede hacer ante este panorama?

El panorama del trabajo concebido como sinónimo de mucho esfuerzo, el de enfocar positivamente hacia proyectos, el nefasto escenario de ser unidades de un sistema binario económico, donde solo somos operarios o usuarios ciegos y útiles para beneficios de otros.

No suelo dar recetas ni fórmulas y mucho menos mágicas, pero sí creo en una muy buena, y es: uno de los proyectos que siempre amerita inversión de tiempo y esfuerzos y demás recurso es Estudiar y Cultivar el pensamiento autocrítico y transformador. Detenerse a pensar, ¿qué estamos haciendo y qué estamos logrando?

Victor Parra

Victor Parra O.

Victor Parra O.

Dr. en Cs de la Educación, artista plástico, diseñador gráfico, ilustrador y fotógrafo
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email